Los atriles eran cinco, pero las miradas de todos los argentinos estaban centradas en uno. De las primarias a esta parte, el cisne negro de la política argentina había emprolijado poco a poco su imagen y su discurso. Las expectativas estaban puestas en esperar el momento en que se quemaran los papeles, el instante en que las horas y horas de preparación sucumbieran para dar lugar a lo espontáneo, a lo sanguíneo.

Y Milei no pisó el palito. Apenas esbozó sonrisas sobradoras mientras era aludido por sus adversarios. Cuestionó a Axel Kicillof al aludir al proceso de estatización de YPF y se refirió al «gobierno de delincuentes», pero esas referencias pasaron casi desapercibidas en medio de un clima casi distendido.

Paradójicamente, el único momento en que pareció perder la calma no fue generado por una consulta de los otros postulantes sino al asegurar que «en los 70 hubo una guerra» y que los desaparecidos «fueron 8.753 y no 30.000». Por el contrario, cuando lo increparon, dijo que le pidió perdón al papa Francisco por los dichos sobre su persona y ni siquiera incluyó la dolarización entre sus propuestas. «Es la única forma de ganarle a la inflación», sostuvo recién al ser consultado puntualmente sobre el tema.

La más vehemente, a lo largo de toda la noche, fue Bregman. Más espontánea al momento de contestar, pidió nacionalizar el comercio exterior y romper con el FMI, trató de «gatito mimoso» a Milei y pidió que los funcionarios cobren como docentes. El reloj la dejó con frases por la mitad en más de una oportunidad.

Massa anunció un proyecto de moneda digital sobre el que no abundó en detalles y pidió disculpas reiteradamente por la situación de la economía, aunque deslindó responsabilidades en el acuerdo con el FMI, que se comprometió a rediscutir, y en las decisiones tomadas previamente a su llegada a Economía. Sus intervenciones más picantes tuvieron como destinataria a Bullrich: le recordó que el bimonetarismo se aplica tanto en Cuba como en Venezuela y le endilgó poca claridad para explicar su propuesta económica. Además, el candidato oficialista insistió con armar un gobierno de unidad nacional. Pese a lo anunciado por su equipo, no reveló el nombre de quien sería su ministro de Economía.

Bullrich se metió en problemas para explicar su «plan integral», sobre el que dejó en claro las premisas de la solvencia fiscal y la decisión de «borrar del mapa la inflación». En cambio, descansó en el «equipo honesto y coherente de Carlos Melconian» y el «coraje» para gobernar. «Son todos del PJ y de Massa», le respondió a Bregman al ser consultada por el escándalo de las contrataciones en la cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires.

Schiaretti, en tanto, utilizó casi todas sus intervenciones para exaltar su gestión en Córdoba y cuestionar a los que «gobiernan para el AMBA». Sorprendió, en tanto, al anunciar que garantizaría la «independencia» del Banco Central ofreciéndole la dirección a la oposición y dijo que, hasta llegar a un tipo de cambio único, «se deben adoptar, como transición, un tipo comercial y otro libre».

Se viene una semana para recalcular. A todos los candidatos les hace falta.