¿Se esfuma el «boom» del litio?


El litio, un mineral clave para la fabricación de baterías para coches eléctricos, se ha convertido en la nueva gran esperanza de varios países latinoamericanos.


Es que lo que se ha dado en llamar «el triángulo del litio», conformado por Argentina, Bolivia y Chile, concentra las mayores reservas mundiales del escaso elemento. Estando los tres países en manos de gobiernos socialistas, que suelen creer que la riqueza es más un don explotable que algo que generan los humanos con su esfuerzo personal, esta proverbial fuente de recursos naturales ha generado todo tipo de especulaciones. Anuncios de nacionalización, estrategias ambiciosas, y gastos anticipados, se han disparado ante la posibilidad de que este mineral pueda disparar una nueva era de prosperidad en la región.

Pero en las últimas semanas ha caído un balde de agua fría sobre estas esperanzas. La cotización del denominado «oro blanco» acumula una profunda tendencia bajista en lo que va del año, y su precio ha caído más del 70% desde su pico histórico. En noviembre de 2022 llegó a US$ 80 mil la tonelada, pero la semana pasada llegó a cotizarse a apenas US$ 21 mil. Por ejemplo, en el caso de Chile, cuyo gobierno esperaba recibir unos 5 mil millones de dólares por las exportaciones de litio, el  sueño parece haberse «pinchado» de forma dramática.

Las razones de este derrumbe parecen estar en China, que es el mayor importador de litio del mundo, y cuya economía está dando señales de debilitamiento sostenido. A esto se suma una agresiva oferta en la fabricación de baterías, que ha superado la demanda real, generando una caída del precio de las mismas, y de los minerales que se usan para fabricarlas. Pero este tipo de noticias, muy negativas para algunos, también tienen su costado positivo para otros. Este derrumbe del precio del litio, así como de las baterías eléctricas que se fabrican con el mineral, permitirá reducir el costo de los coches y otros elementos eléctricos que las usan. Y con ello, fomentarán una mayor adopción de estas tecnologías por parte de los usuarios, lo cual es clave para el cambio de matriz energética en el que está inmerso el mundo, en busca de enfrentar el cambio climático.

Más allá de todo esto, hay una lección que este aparente bajón en el boom de una materia prima debería dejar en los países de América Latina. Y es que depositar en la exportación de estas materias primas crudas las esperanzas de desarrollo económico de la región, en vez de apostar a la formación del capital humano, siempre ha terminado en crisis y desengaño. Del oro y la plata, al petróleo y el gas, pasando por guano o la soja, la historia del continente es rica en historias similares. ¿Por qué debería ser diferente esta vez?