Con patentes del Conicet se crearon 26 startups en tres años: cinco casos disruptivos


Se trata de nuevas Empresas de Base Tecnológica fundadas con patentes desarrolladas por investigadores argentinos. Ámbito dialogó con el gerente de Vinculación del organismo, Sergio Romano; el CEO de Beeflow, Matias Viel, y la fundadora de Infira, Renata Reinheimer, sobre la importancia de apostar por la ciencia y la tecnología.


En los últimos tres años se crearon 26 startups con patentes desarrolladas por investigadores del ConicetLa cifra se eleva a 56 si se contabilizan las fundadas en las últimas décadas. El fuerte crecimiento reciente es el resultado de años de trabajo científico que comienzan a ver la luz gracias a la inversión estatal y el apoyo privado. Cinco casos que ponen en jaque a la propuesta privatizadora de Javier Milei.

El mundo avanza a pasos agigantados de la mano de la tecnología. La ciencia ocupa un rol central en el camino que debemos transitar hacia el bienestar social, pero se necesita de una planificación a gran escala para dar solución a los problemas existentes como las enfermedades, la hambruna, la desigualdad económica y el cambio climático, entre otros.

Con las presidenciales a la vuelta de la esquina, la victoria sorpresiva en las PASO del candidato libertario dispara interrogantes sobre su plan para la ciencia argentina. Las posibilidades de que sea electo obligan a discutir con sus propuestas.

El economista anarcocapitalista habló al respecto en una entrevista con TN donde comparó al Conicet con la NASA y afirmó que “así como existe hoy hay que cerrarlo”. Días después en LN+ se preguntó:“¿Qué productividad tiene? ¿Qué han generado los científicos?”. Sin embargo, los datos -el elixir del libertario- brindan un panorama diferente y muestran un escenario destacado del organismo.

De acuerdo al SCImago Institutions Ranking 2023 el Conicet se ubica en el puesto 22 dentro de la categoría de organismos gubernamentales. Seis escalones por debajo aparece la National Aeronautics and Space Administration (NASA). El primero cuenta con un presupuesto de $111.707 millones (u$s304 millones al dólar oficial) mientras que el fondeo estatal de la destacada agencia estadounidense alcanzó los u$s23.200 millones en 2021.

Ambos organismos tienen objetivos diferentes ya que la NASA está directamente relacionada a la industria aeroespacial, con logros incuestionables y un prestigio mundial. En tanto, el Conicet es el instituto de investigación científica más destacado de Latinoamérica y su área de desarrollo es amplia. Al igual que sus logros.

“Hoy tenemos 56 Empresas de Base Tecnológica creadas. La mitad se fundaron entre el 2020 y el 2022”, cuenta a Ámbito Sergio Romano, gerente de Vinculación Tecnológica del organismo, y afirma que el surgimiento de las EBTs es parte de “un proceso que viene creciendo en función del tiempo que llevan los desarrollos”. Las empresas fueron fundadas por investigadores y emprendedores a partir de patentes del organismo.

En la actualidad, el Conicet brinda 15.000 servicios de uso de equipamientos por año, registra más de 1.000 patentes desarrolladas en laboratorios propios y cuenta con 850 convenios de asistencia técnica o de investigación y desarrollo vigentes. “Por año se firman alrededor de 300. Es decir, hay 300 empresas que año tras año están tratando de desarrollar algo nuevo junto a nosotros”, explica Romano.

Además hay alrededor de 30 empresas que tienen el derecho de explotación para madurar algún tipo de tecnología. “El fuerte del Conicet es en el área de salud, biotecnología y agro”, comenta Romano.

Desarrollos aplicados

Ejemplos hay muchos y de distinto tipo. En salud, el laboratorio GSK obtuvo la licencia del anticuerpo monoclonal para desarrollar una inmunoterapia para combatir el cáncer. “Es la primera vez que la empresa paga la licencia de una patente de este tipo en toda América Latina a una institución pública”, cuenta Romano.

En el agro el caso más paradigmático es la licencia a Bioceres del HB4, el trigo resistente al estrés hídrico que creó el equipo de investigadores liderado por Raquel Chan. “No es tan común que en un país se desarrolle un organismo modificado genéticamente, que luego se licencie a una empresa y que después se certifique la regulatoria en China, EEUU, Brasil y Argentina. Hoy Bioceres cotiza en la Bolsa de Nueva York con una valuación de u$s500 millones”, destaca el funcionario del Conicet.

En alimentos resalta el caso de Danone. La multinacional española importaba un probiótico para su línea de yogures pero ahora utiliza una patente del organismo.

La licencia repercute en el cobro de regalías. Por caso la empresa AtomProtect que utilizó la tecnología para fabricar los barbijos durante la pandemia debió abonar un porcentaje de sus ventas al Conicet, a la Universidad de Buenos Aires y a la Universidad de San Martín. “En un año la empresa facturó más de $4.000 millones de pesos. Más que las regalías, para nosotros fue más importante el haber generado cien puestos de trabajo”, destaca Romano.

Cuando la tecnología se implementa en una empresa argentina no solo genera ingresos por regalías sino también a partir de impuestos. Además permite aumentar el empleo, la inversión privada, la producción y eventualmente la exportación.

Un ejemplo a imitar es el del Instituto Weizmann en Israel. “Es el que más ingresos genera en Israel en términos de su vinculación tecnológica. Con las licencias que desarrolla, las empresas facturan u$s40 mil millones por año”, explica Romano.

El Conicet no cuenta con cifras de ese tipo debido al secreto fiscal de las empresas, aunque el funcionario señala que es algo que están analizando para “dar otro nivel de respuesta” ante los debates públicos como el que derivó de las críticas de Milei. De todas maneras, el organismo no solo aporta en términos económicos a la sociedad sino también a partir de investigaciones vinculadas a lo social que permiten comprender e interpretar procesos históricos para planificar mejor hacia dónde ir.

Creación de EBTs

La Gerencia de Vinculación Tecnológica del Conicet se encarga de conectar las demandas de innovación de los diversos sectores de la sociedad con los equipos de investigadores del organismo. Al día de hoy cuenta con 17 oficinas en todo el país que se encargan del relacionamiento.

El área que dirige Romano utiliza distintas herramientas para acercar las capacidades del Consejo a los sectores socio-productivos. “A veces nos contactamos directamente con las empresas cuando tenemos alguna tecnología que entendemos que puede ser específica o interesante para un determinado sector, como los probióticos de Danone. También organizamos eventos de vinculación regionales, generales o temáticos”, cuenta.

Cuando la patente no tiene una empresa natural para ser licenciada surgen las EBTs. “En esos casos fomentamos a los investigadores y las investigadoras a que puedan conseguir inversión de capital para crear una compañía nueva”, a la cual le darán la exclusividad de la tecnología para desarrollarla y madurarla.

Dentro de las 56 EBTs activas hay lugar para desarrollos de distintos tipo, tamaño y maduración: el más resonante es el de YTEC, empresa de investigación y desarrollo para la industria energética que pertenece a YPF (51%) y Conicet (49%). En las próximas semanas se espera que inaugure la primera planta de baterías de litio del país.

En los últimos años surgieron propuestas innovadoras como la de la startup Beeflow, que se dedica a “entrenar” abejas para mejorar la polinización de cultivos. La empresa nació en 2016 a partir de la vinculación entre el emprendedor Matías Viel y los científicos del Conicet, Pedro Negri y Agustín Sáez. “El vínculo surgió a partir de la aceleradora Grid Exponential y su CEO, Matías Peire, que relacionaron a científicos argentinos con emprendedores de negocios. El objetivo era transferir el conocimiento del Conicet y transformarlo en una empresa”, cuenta Viel a Ámbito.

La compañía privada cuenta con las licencias de dos patentes del organismo público. “Una tecnología, también vinculada a la Universidad Nacional de Mar del Plata, que fortalece el sistema inmunológico de las abejas. La otra fue creada en conjunto con la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA. Ahí venimos trabajando muy fuerte con el doctor Walter Farina, un investigador muy reconocido del Conicet, que hace muchos años estudia el cerebro de las abejas y cómo se comunican con las plantas, lo cual nos permitió aumentar la cantidad de polen que llevan a las flores de los cultivos que queremos polinizar”, profundiza el CEO de la startup.

Actualmente la empresa opera en Estados Unidos, Perú y México. Su equipo de desarrollo e investigación está principalmente radicado en Argentina. En 2021 recibieron una inversión de u$s8.3 millones liderada por Ospraie Ag Science y acompañada por Steve Jurvetson de Future Ventures (Tesla y SpaceX), Jeff Wilke (exCEO, Worldwide Consumer de Amazon), Vectr Ventures, SOSV y Grid Exponential.

“Estamos creciendo mucho pero no somos ajenos a los desafíos globales como la inflación que hay en EEUU y la suba de tasas de interés. Eso impacta en el financiamiento de startups. Al mismo tiempo el cambio climático y las temperaturas extremas están afectando la polinización y ponen todavía más en relevancia que el mundo necesita una empresa como Beeflow. Seguimos muy optimistas a pesar de que el mundo está cada vez más difícil”, añade Viel.

Además de Beeflow, en los últimos años surgieron compañías como Galtec, fundada este año por el reconocido investigador Gabriel Rabinovich, que desarrolla estrategias terapéuticas para tratar el cáncer y enfermedades autoinmunes a través de la proteína Gal-1.

También se crearon empresas como Bamboo Biotech yMichroma. La primera fue lanzada en 2019 por Sebastián Cavalito y Gastón Ortiz con el foco en desarrollos biotecnológicos. En 2020 desarrollaron un test serológico para Covid que luego fue transferido al laboratorio cooperativo Farmacoop para su producción y distribución. La segunda surgió hace cuatro años de la mano de Ricky Cassini y Mauricio Braia y está enfocada en el desarrollo de colorantes y saborizantes naturales a base de hongos, sin derivados de petróleo. Este año captó una inversión de u$s6.4 millones.

Otro caso destacado es el spin off académico Infira. Renata Reinheimer, una de sus fundadoras, es investigadora del Conicet y de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). En 2020 creó la empresa como resultado del desarrollo de una tecnología de modificación genética que permite extender hasta siete veces la vida de los cultivos anuales para convertirlos en perennes, sin resignar productividad y mejorando parámetros ambientales del suelo.

“La empresa nace de una tecnología que desarrollamos en un laboratorio del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral, el cual depende de la Universidad Nacional del Litoral y del Conicet. Como estaba en una escala muy prematura para llegar al mercado teníamos la posibilidad de licenciar la patente a una empresa o crear un spin off académico. Nos inclinamos por la segunda opción porque creemos que así le podemos dar el sentido que nosotras queremos a la tecnología”, explica a este medio la doctora en Ciencias Biológicas.

Desde el primer día recibieron el acompañamiento de la UNL y el Consejo en cada paso que dieron. Así lo recuerda: “La mayoría de las instituciones tiene una oficina de patentes. A mí me tocó ir a golpear la puerta, muy tímidamente, para decirles ‘tengo esto’”. Y contrario a lo que pensaba me dijeron ‘bueno, te escuchamos’. El entendimiento desde el primer día fue muy importante. Se puede tener una idea brillante pero si nadie te escucha y la moldea no progresa”.

La creación de la compañía implicó una inversión total de entre u$s150.000 y u$s200.000. Una parte fue aportada por las socias pero también contaron con fondos de Aceleradora Litoral (integrada por la UNL, el Parque Tecnológico del Litoral Centro, la Bolsa de Comercio de Santa Fe y la Unión Industrial de Santa Fe) y el Fondo de Desarrollo de Capital Emprendedor que gestiona el Gobierno nacional. La startup ya solicitó la propiedad intelectual de la tecnología en seis países y en la Unión Europea.

Aportar conocimiento, llegar al mercado, impactar en la sociedad, tener herramientas para resolver problemas ambientales, todo eso está en la hoja de ruta de Infira pero lógicamente requiere apoyo. Para poner en marcha todo eso se necesita de una estructura. Requiere inversión, conocimiento y más equipo también, no solo investigadores. Reinheimer destaca que “tanto el CONICET como la Universidad Nacional del Litoral están preparadas para recibir estas potenciales tecnologías y ayudarlas a madurar”.

Apoyo a la ciencia argentina

Lejos de coincidir con la mirada de Javier Milei, la investigadora señala que “hace falta más inversión, no menos”, ya que actualmente el nivel “es bajo y hacemos muchos malabares”. Al mismo tiempo asegura que se requiere más eficiencia en la gestión “para sistematizar y optimizar procesos” y que se promueva aún más el diálogo “entre los investigadores, las empresas y las instituciones a partir de las experiencias exitosas”.

Por su parte, Romano considera que lo disruptivo en el comentario de Milei es que proviene del candidato que más votos sacó en las PASO. Pero no cree que sea la mirada que tiene toda la sociedad sobre el Conicet: “No me atrevería a decirlo”.

De todas formas, entiende que es importante “explicar, poner en valor y, sobre todo, decirle al candidato que se equivoca” porque “los números, no solo de Argentina sino en el mundo entero, dan cuenta de la importancia de invertir en ciencia y tecnología. Las ideas del libre mercado extremo no existen en ningún país. Es importante que sean los Estados quienes asuman las primeras etapas de riesgo para que el sector productivo pueda desarrollarse. Eso lo entienden incluso los grandes empresarios de Argentina”, afirma.

Viel también se refirió a la polémica declaración del candidato libertario. “Estoy lejos de pensar que el Conicet deba cerrarse”, dice y resalta el rol de la inversión pública para darle impulso a la innovación: “La inversión en ciencia en cada país es muy importante. No solo en Argentina. Los países más avanzados tienen una inversión en ciencia y tecnología muy importante. Creo que hay que seguir apoyando”.

De todas maneras coincide con Reinheimer en que es necesario “repensar muchas cosas”, como la articulación entre el sector público y el privado para “fomentar el emprendedurismo científico” e impulsar los ingresos por regalías del organismo. “Hoy Beeflow paga regalías. Lo financia de forma privada, pero es insuficiente lo que aportamos porque somos una empresa muy joven. Debería ocurrir con más empresas. Eso hoy no sucede y creo que hay una oportunidad ahí para que las empresas se acerquen a las oficinas del Conicet y que surjan nuevos casos como el nuestro”, señala.

Romano señala que un 10% de los ingresos del organismo en 2022 se explican a partir de fondos extrapresupuestarios: 5% por servicios y regalías y otro 5% por aportes de organismos internacionales y locales, en articulación con el sector privado. Si bien no es un número considerable, hay que tener en cuenta las ventajas mencionadas anteriormente en empleo y actividad económica.

Igualmente, los tres consideran que apostar por la ciencia y la tecnología es apostar por el desarrollo de un país y el ejemplo de Israel vuelve a surgir. “Todo lo que ha desarrollado el país se basa en una buena gestión del conocimiento”, apunta la fundadora de Infira.

Sobre el final, Romano destaca la importancia de “sostener la Ley de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología que para el 2032 prevé el 1% del PBI porque entendemos la necesidad de ese financiamiento sostenido”. La ley fue aprobada por unanimidad en ambas Cámaras del Congreso Nacional. Más allá de quién triunfe en octubre -o en un eventual balotaje- será fundamental su cumplimiento para no detener el avance en ciencia y tecnología del país.

 

ámbito.com | Gonzalo J. Zanotti

Por Gonzalo J. Zanotti